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Vacunas para los gatos

¿Sabéis cuándo es necesario vacunar a vuestro gato?

Para empezar, al mes y medio de vida del gato se recomienda acudir al veterinario para una primera revisión completa que incluirá una serie de pruebas que nos ayuden a diagnosticar su estado de salud y a descartar posibles enfermedades.

Una vez descartados los trastornos de salud más graves, se podría proceder a la vacunación del gato de acuerdo al calendario de vacunación felina, siempre siguiendo las instrucciones del veterinario.

La vacuna contra la leucemia felina y la trivalente felina son las más importantes de todas. La primera le ayudará a combatir la leucemia, muy peligrosa y extremadamente contagiosa en gatos; y la segunda le protegerá contra tres de las peores enfermedades que puede contraer un minino: el cacivirus, la panleucopenia y la rinotraqueítis.

Además de estas dos vacunas, que son fundamentales, probablemente en la clínica veterinaria os aconsejarán algunas otras que ayudarán a reforzar las defensas de vuestro gato y con ellas su salud.

Las vacunas de las que hablamos son la de la rabia y la vacuna contra la periotonitis infecciosa felina, una enfermedad de difícil detección y lúgubres diagnósticos, por desgracia, en muchos de los casos.

Sabemos que los gatos, en general, no son muy amigos de abandonar su hogar, pero la salud es lo primero y merece la pena llevarlo al veterinario para revisiones periódicas y, por supuesto, cumplir a rajatabla el calendario de vacunación.

 

Alimentación para gatitos pequeños

En principio se aconseja que los gatitos, si se tiene la posibilidad, permanezcan con la madre al menos hasta el mes. La edad aconsejable de destete suele estar entre las seis y las ocho semanas de vida del gatito.

Si no fuese posible habría que comprar leche especial para este tipo de mininos de tan corta edad que puede comprarse en tiendas especializadas en animales. En casos excepcionales, si se ha terminado y tenemos que salir a comprar es preferible que se le dé leche en polvo o leche libre de lactosa, pero nunca leche de vaca, ya que es muy pesada para su digestión y puede producirle problemas gastrointestinales.

A partir del mes o mes y medio se puede empezar a darle agua y algún alimento especial para cachorros. Puede ser pienso, en este caso se recomienda humedecerlo, o preparados de lata, que se deberán desmenuzar para facilitar la deglución.

Es importante que se compren alimentos específicos para gatos y que nos informemos de lo que necesitan de acuerdo a su peso y edad, ya que sus necesidades varían.


La castración de los gatos

La campaña de Global Defensa Animales Sin Hogar de Barcelona sigue con sus propósitos de disminuir el número de animales sin hogar por las calles de la Ciudad Condal. Barcelona registra cada año nuevos abandonos, tanto en gatos como en perros y otros animales. La sobrepoblación empeora el problema, tal y como nos comentan especialistas que prestan sus servicios en Residencias para gatos y Residencias de animales de Barcelona.
El método de control de la población más efectivo en el caso de los gatos, que es el que tratamos en estas líneas, es la castración. En
Barcelona su precio está en torno a los cien euros, sin embargo, diferentes campañas promovidas por la Asociación Global Defensa ASH proponen cantidades mucho más asequibles y que oscilan entre los cincuenta y cinco y los setenta y cinco euros para socios, y dependiendo del sexo del gato.
Quienes se estén planteando el castrar a su gato, además el precio han de saber que el método es otra variable a tener en cuenta. Los más comunes son la cirugía (orquidectomía), la vasectomía y los tratamientos químicos.
En un proceso quirúrgico, al gato macho se le extirpan los testículos, con lo que se detiene la producción de espermatozoides. Otra consecuencia de este método es la anulación de hormonas sexuales en el animal, ya que también dejan de producirse, por lo que sus instintos se verán modificados en este sentido.
Esta intervención conlleva riesgos ya que se ha de practicar aplicando una anestesia general. El post operatorio y las posibles infecciones causadas por el pelo o por una higiene inadecuada aumentan el nivel de riesgo de esta decisión que estamos considerando.
Si no se quiere modificar la conducta de nuestro gato y lo único que se desea es un control de la natalidad puede optarse por la vasectomía. Su método consiste en ligar los conductos deferentes. A través de esta intervención se consigue que el gato no pueda dejar embarazada a ninguna gata, pero que siga manteniendo intactos sus instintos y su comportamiento gatuno. El coste de esta intervención suele ser más elevado que el de la orquidectomía.
Por último, los tratamientos químicos consisten en la administración de medicación específica que produce un efecto inhibidor sobre el sistema hormonal del gato, reduciendo sus instintos pero sin intervenciones invasivas. El veterinario o el personal de las residencias de animales pueden dar información más precisa para cada caso concreto.

Los gatos negros y la suerte

Los gatos negros son los favoritos de mucha gente por la perfección de su silueta estilizada, que sobre todo en movimiento, es de gran belleza. Su pelaje contrasta con los colores brillantes de sus ojos verdes o miel, generalmente. En Barcelona tenemos la suerte de contar con preciosos ejemplares de este tipo y no hay más que acercarse a las residencias felinas o de animales de la Ciudad Condal para poder conocer a más de uno.
Sin embargo aún hoy día hay personas que los consideran símbolo de mala suerte, pero ¿cuál es el origen de estos pensamientos? Realmente estos gatos siempre han levantado pasiones, positivas o negativas, pero su relación con la suerte viene de lejos.
Ya en el antiguo Egipto se les asociaba con la maternidad, la música, la danza y la alegría, por eso la diosa Baset, a la que se atribuyen las mismas cualidades, se representaba con un proporcionado cuerpo de mujer coronado por una sensual cabeza de gata.
También el pueblo romano creía en las bondades de este hermoso animal, por eso siempre llevaban a los gatos a las contiendas y eran como un guerrero más en los campos de batalla. Era tanta la devoción por este animal que sentían estos aguerridos luchadores que incluso promulgaron algunas leyes para protegerlos. Para los romanos, los felinos eran el equivalente simbólico a la victoria.
En la Europa Moderna los marineros y sus familias se sentían muy cercanos a los gatos puesto que consideraban que los protegían del mal y la desgracia. Así, tanto estos hombres como sus esposas se hacían acompañar de alguno durante las ausencias.
Pero no todo ha sido un camino de rosas para estos oscuros mininos, las tradiciones babilónica y hebrea los asociaban a las serpientes y su nefasta influencia en el hogar. Lo mismo sucedía y sucede en la India, donde se cree que la mala suerte puede llegar tras cruzarse con un gato negro.
Mucho después, en torno al siglo XVII, se comenzó a relacionar a los gatos negros con la brujería lo que provocó una verdadera masacre: torturas y decapitaciones felinas como consecuencia de la caza de brujas que se vivía en ese momento.
Fue gracias a Napoleón Bonaparte cuando se empezó a apaciguar este sentimiento de rechazo que la gente tenía por los gatos, al declarar él su amor por estos animales. Hoy día aún hay personas que creen que los gatos de color negro pueden traerles mala suerte, pero por suerte no toman represalias con ellos. De la misma manera, mucha gente está convencida de que si ven a uno les tocará la lotería… si no se es supersticioso, puestos a elegir, mejor quedarse siempre con lo positivo.

Bañar a tu gato

Bañar a tu gato

A pesar de la fama bien merecida de limpios que tienen los gatos, también necesitan de nuestra ayuda para garantizar que su aseo es el correcto. Sin embargo sus instintos juegan en nuestra contra y es que nuestra mascota probablemente odie el agua… upsss.
Este “pequeño problema” no puede impedir que sigamos adelante con nuestro plan de aseo para el gato ya que de otra manera estamos poniendo su salud en riesgo, tal y como los veterinarios y especialistas de residencias de animales ponen de manifiesto.
Lo más recomendable, tal y como nos aseguran trabajadores de guarderías para gatos, es comenzar con los baños periódicos cuando el animal es todavía un cachorro. Si se espera a que el gato entre en la edad adulta para comenzar con los baños, las posibilidades de éxito se reducen considerablemente.
Para las primeras experiencias bañando a nuestro gato es conveniente prescindir de la ducha. Este instrumento, además de desagradarles sobremanera, puede asustarles y provocar su huída. Por tanto, deberemos comenzar con lavados manuales practicados con mucho mimo y mucha suavidad.
Para hacerlo más fácil puede llenarse un cubo o una palangana con tres dedos de agua y no mucho más. Esta profundidad permitirá al gato sentirse seguro y al control de la situación. La temperatura del agua tiene que ser lo más próxima posible a la temperatura corporal del animal, así evitaremos reacciones bruscas provocadas por cambios de temperatura.
Hablar al gato mientras se procede al baño es una buena idea. Si el animal nota la tranquilidad en nuestro tono de voz, él también se mostrará más relajado y con una mejor predisposición. Durante el proceso hay que utilizar champús específicos para felinos. Los de humanos y los de perros no sirven. Cada piel tiene su ph y éste es distinto en cada especia, por lo que no es conveniente utilizar productos que no sean para gatos ya que corremos el riesgo de provocarle alergias o picores.
A la hora de secar a nuestra mascota evitaremos utilizar el secador de mano, al menos las primeras veces. Emplearemos una toalla y siempre trataremos de ser meticulosos en el proceso de secado, ya que no es bueno dejar al animal con humedad.
Si nos da miedo hacerlo o no sabemos cómo bañar a nuestro gato, las primeras veces conviene acudir a alguna residencia de animales o guardería de gatos para solicitar este servicio. Allí nuestra mascota será atendida por profesionales que te garantizan un aseo y revisión adecuados y mucha tranquilidad.