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¿Tiene pulgas mi gato?

Las pulgas pueden producir en nuestro gato, además de disconfort y altos niveles de estrés por la continua irritación que producen sus picadas, varias enfermedades que no son nada agradables.

Por nombrar un par de ellas, tenemos la tenia, que puede aparecer debido a las pulgas que el gato traga cada vez que se acicala lamiendo sus patas y cuerpo; y la alergia a la picadura de pulga. Ambas requieren de tratamiento para su curación desde luego, si sospechamos que nuestro gato tiene pulgas deberíamos consultarlo con nuestro veterinario por si considera oportuno prescribir un tratamiento preventivo.

Para asegurarnos de si son pulgas o no, sería aconsejable comprar un peine de púas finas, en el mercado existen unos especiales para pulgas. Este instrumento nos ayudará a averiguar la verdad muy pronto, porque al pasarlo por el pelo de nuestro gato las veremos. Si nuestro gato tiene el pelo corto podemos incluso detectarlas a simple vista.

Las pulgas se suelen situar en las patas traseras del gato, aunque dependiendo del tiempo que lleven viviendo de él, pueden haberse propagado por todo el cuerpo.

Debemos saber que hay algunas enfermedades felinas que se manifiestan por síntomas como picores que provocan que el animal se rasque, por eso convendría que visitásemos al veterinario para salir de dudas y descartar situaciones más graves.

 

Limpiar los oídos a tu gato

En Barcelona, las clínicas veterinarias visitadas, así como las residencias para gatos y guarderías felinas acusan la falta de limpieza de los oídos de estos animales como una de las mayores causas de enfermedades que se podrían evitar.
Sabemos que la limpieza de esta zona es difícil y que no es agradable para nuestro minino, pero hay que hacerlo. La razón es muy simple, en sus oídos pueden aparecer infecciones causadas por los ácaros del oído, hongos, bacterias y también alergias. En ocasiones pueden exceder el interior del pabellón auditivo y presentarse en la punta de las orejas, como ocurre con algunas infecciones por hongos.
Es primordial que el proceso sea percibido como rutinario por parte del gato, por eso habrá que examinar sus oídos todas las semanas. Por supuesto si se empieza en torno a las ocho semanas, cuando el gato es aún jovencito, resultará mucho más sencillo acostumbrarle, pero nada es imposible y con mucha paciencia y la ayuda de premios, podéis conseguirlo.
En las residencias felinas nos aconsejan que no tratemos de hacerlo después de un baño o nada más cortarle las uñas, ya que el gato está estresado y no es buen momento. Es mejor esperar a ver cuándo el gato está feliz y se encuentra a gusto.
Cuando decidamos que es el momento sujetaremos con suavidad la oreja del gato con dos dedos, pulgar e índice, mientras con la otra mano le calmamos y mantenemos en el lugar. Con esos dos dedos iremos enrollando la oreja poco a poco para ir viendo el interior.
Las secreciones o cera en color amarillo o más tostado son normales, pero si observamos tonos rojos, negros o que delaten la presencia de pus (por tanto de una infección), como son el amarillo o el verde, deberemos consultar con su veterinario.
Las secreciones normales pueden ser retiradas con discos de algodón o almohadillas especiales para gatos. Si vemos que hay mucha cantidad de cera o de residuos podemos utilizar algún tipo de líquido limpiador específico, de los que vienen en formato de gotas, masajeando posteriormente la base de la oreja durante algunos segundos. A continuación podremos proceder a retirar con el disco de algodón.
No hay más misterio y como prevenir es curar, lo mejor es empezar cuanto antes.

Frases hechas sobre gatos

Los gatos nos inspiran todo tipo de sentimientos, y sus comportamientos, su carácter y las cualidades que se les atribuyen han configurado a lo largo de la historia una buena colección de frases hechas que seguramente todos conocemos.
En las guarderías felinas se hacen cargo de los gatos que sus dueños no pueden atender por motivos personales o de trabajo, sin embargo cuando decimos que “hay gato encerrado” no nos referimos a los que allí se alojan sino a que hay algún secreto o se esconde algo que no se quiere hacer público.
“Ponerle el cascabel al gato” significa cometer una acción peligrosa o difícil, bien lo saben los trabajadores de las residencias de animales, y los sufridos dueños de los mininos cuando hay que, no ponerle el cascabel, sino bañarle… tarea nada fácil. De ahí la expresión “llevarse el gato al agua”, que hace referencia a cuando tras un arduo esfuerzo se consigue algo que se anhelaba.
Las situaciones de confusión y falta de claridad también han servido para poner al gato en boca de todos. Por ejemplo cuando se dice que “de noche todos los gatos son pardos” se hace referencia a que con la oscuridad es más fácil disimular los defectos de algo, frase popular a ambos lados del charco. Probablemente sorprenda saber que Benjamin Franklin la utilizó durante una entrevista para justificar su afición a cortejar a mujeres no del todo agraciadas, todo un caballero.
En esta misma línea tenemos “dar gato por liebre”, expresión basada en un hecho que nos llega desde las grandes obras del Siglo de Oro de la literatura española, donde en numerosos pasajes, sobre todo del genial Francisco de Quevedo,  se explicaba cómo en las posadas y tabernas se sustituía la carne de liebre por la de gato en numerosas ocasiones.
“Buscarle tres pies al gato”, alude al hecho de intentar probar lo imposible, haciendo perder la paciencia a cualquiera en el camino; “gato con guantes no caza”, sugiere la utilización de los medios adecuados a la tarea que se tiene pensado llevar a cabo; “cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta”, expresa que muchas veces ante la falta de autoridad se pierden los papeles; “no tengo gato ni perro ni velas en este entierro” quiere decir que el asunto que se trata no es de la incumbencia ni del interés de quien así se expresa.
Antes de terminar, dos de las mejores: “llevarse como el perro y el gato”, para cuando existen diferencias irreconciliables entre dos personas; y “la curiosidad mató al gato”, el más inquietante de todos los refranes, aunque en realidad su significado ha sufrido una transformación ya que proviene de una frase inglesa del siglo XVI donde la voz “curiosidad” era en su versión original “preocupación”.
Y por último, la más bonita: “Tener más vidas que un gato / Siete vidas tiene un gato”, que viene de la creencia egipcia de que los gatos se reencarnaban, una y otra vez, hasta un total de siete.

Cómo evitar que el gato se afile las uñas en los muebles de casa

Primero eran algunas marcas, no le diste importancia, después descubriste algunas más, pero es que ya no hay ninguna duda, el gato se afila las uñas con tus muebles, especialmente con el sofá. Si el gato te está destrozando la casa puedes evitarlo de una manera sencilla, tanto si vives en un apartamento, como si vives en chalet, en Barcelona o en Nueva York, la solución es la misma.
Expertos de guarderías para gatos nos explican que este comportamiento puede deberse a dos motivos, que el gato está marcando territorio o que se está afilando las uñas. Ambos motivos son inherentes al gato y sus instintos y les resulta complicado dejar de hacerlo.
Para ello es importante que mantengas sus uñas cortas, acción que puedes complementar con la incorporación de juguetes o pequeños muebles que el gato pueda hacer suyos. Los hay que le sirven para trepar, para saltar, en definitiva, para jugar siguiendo sus instintos.
Estos juguetes no son suficientes si queremos salvar nuestro sofá de la acción de las uñas de nuestro minino, por eso, en las residencias de gatos aconsejan comprar muebles, como los que ellos mismos tienen en sus instalaciones, de un tamaño apropiado para la casa en que se vive, pero también para el gato.
Hay que tener en cuenta que la estructura principal debe ser similar a un poste, mucho mejor si va recubierto de cuerda enrollada, y que debe ser tan alta que permita al gato estirarse por completo al apoyarse sobre él.
Y es que otro de los motivos que impulsan a los gatos a estropear nuestros muebles es la necesidad de estirarse y rascar. Si el mueble que les proporcionamos no es lo suficientemente alto para que se encuentre cómodo en sus estiramientos, el gato volverá a nuestros muebles.
No importa si queremos comprar o hacer nosotros mismos el mueble para nuestro gato, pero sí que puede ser buena idea reforzar positivamente su uso con premios, para que el gato se dé cuenta de que nos gusta que utilice su mueble, que estamos contentos con ello.
Para gatos más duros de pelar puede complementarse esta acción con los refuerzos negativos en sus lugares habituales de nuestro mobiliario. Podemos por ejemplo poner papel de plata, que les desagrada muchísimo, o rociarle un poquito de agua, sólo un poco ya que se trata de una señal, con ayuda de un difusor cada vez que vemos que el gato vuelve a la carga con nuestro sofá, el mueble del salón o la cómoda.

Estrés en los gatos

Estrés en los gatos

Al igual que las personas, los gatos de este siglo también sufren de estrés. Muchas veces este estado se manifiesta como reflejo de la situación que está viviendo su dueño. Si está atravesando una etapa difícil, laboral o personalmente, en la que el estrés o la depresión están afectándole más de lo normal y de una forma nada pasajera, su gato lo notará y comenzará a mostrar síntomas de estrés.

El gato también puede sufrir estrés como resultado de algún trastorno de salud al que aún no hayamos puesto remedio. De la misma manera, el estrés puede causar trastornos en su organismo que repercutirán en su salud si no lo solucionamos lo antes posible.

También podemos encontrarnos con trastornos de estrés de índole más temporal, o incuso puntual, desencadenados por obras en la casa o en el edificio, visitas que no son del agrado del animal o algún tipo de cambio en el entorno del animal, de entre los que habría que destacar la llegada de un nuevo miembro a la familia, ya sea una nueva mascota o un recién nacido, por ejemplo.

Para detectar cuanto antes los síntomas de que nuestro gato padece de estrés y poner remedio a esta situación deberemos observar si se produce alguna anomalía en su comportamiento.

Las muestras más habituales son un carácter más agresivo o una excesiva limpieza, más compulsiva que la habitual que los gatos tienen por rutina. En el segundo caso, este exceso de higiene podría llevar a problemas de piel o de pérdida de pelo.

También podemos observar pruebas físicas que nos indicarán que nuestro gato está sufriendo unos elevados niveles de estrés. Entre ellas encontraríamos los vómitos, las diarreas y el aumento en la frecuencia de la micción, que además se produciría en lugares que no son los habituales y de manera poco ordenada.

Si detectas alguno de estos síntomas puede ser buena idea que consultes con el veterinario para poder poner solución cuanto antes y lograr la tranquilidad y el bienestar de tu gato.