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Limpiar los oídos a tu gato

En Barcelona, las clínicas veterinarias visitadas, así como las residencias para gatos y guarderías felinas acusan la falta de limpieza de los oídos de estos animales como una de las mayores causas de enfermedades que se podrían evitar.
Sabemos que la limpieza de esta zona es difícil y que no es agradable para nuestro minino, pero hay que hacerlo. La razón es muy simple, en sus oídos pueden aparecer infecciones causadas por los ácaros del oído, hongos, bacterias y también alergias. En ocasiones pueden exceder el interior del pabellón auditivo y presentarse en la punta de las orejas, como ocurre con algunas infecciones por hongos.
Es primordial que el proceso sea percibido como rutinario por parte del gato, por eso habrá que examinar sus oídos todas las semanas. Por supuesto si se empieza en torno a las ocho semanas, cuando el gato es aún jovencito, resultará mucho más sencillo acostumbrarle, pero nada es imposible y con mucha paciencia y la ayuda de premios, podéis conseguirlo.
En las residencias felinas nos aconsejan que no tratemos de hacerlo después de un baño o nada más cortarle las uñas, ya que el gato está estresado y no es buen momento. Es mejor esperar a ver cuándo el gato está feliz y se encuentra a gusto.
Cuando decidamos que es el momento sujetaremos con suavidad la oreja del gato con dos dedos, pulgar e índice, mientras con la otra mano le calmamos y mantenemos en el lugar. Con esos dos dedos iremos enrollando la oreja poco a poco para ir viendo el interior.
Las secreciones o cera en color amarillo o más tostado son normales, pero si observamos tonos rojos, negros o que delaten la presencia de pus (por tanto de una infección), como son el amarillo o el verde, deberemos consultar con su veterinario.
Las secreciones normales pueden ser retiradas con discos de algodón o almohadillas especiales para gatos. Si vemos que hay mucha cantidad de cera o de residuos podemos utilizar algún tipo de líquido limpiador específico, de los que vienen en formato de gotas, masajeando posteriormente la base de la oreja durante algunos segundos. A continuación podremos proceder a retirar con el disco de algodón.
No hay más misterio y como prevenir es curar, lo mejor es empezar cuanto antes.

Multas a dueños de perros en Barcelona

prohibidas las cacas de perroHace menos de un mes que el periódico de difusión gratuita 20 minutos publicó una noticia que nos interesa a todos los que tenemos perro, especialmente si vivimos en Barcelona o alrededores.

Las multas comienzan a proliferar entre la sociedad canina y sus dueños se ven afectados por estas sanciones, quedando obligados a pagar cantidades de importes muy variados por diferentes motivos relativos a tener la documentación del animal en regla o al comportamiento de nuestra mascota y de nosotros mismos en espacios públicos.

Málaga, Madrid o Sestao, esta última ciudad con más de cincuenta multas registradas sólo en el año 2011 a dueños de perros, son algunas de las localidades que, junto a  Barcelona, más sufren de las represalias legales por no cumplir con las exigencias de la ley en materia perruna.

Desde recoger las heces hasta llevar a nuestro perro atado y con bozal, cada día parece que hay más motivos de multa. Pero, como cada noticia tiene dos caras, por otra parte entran en juego los derechos de los ciudadanos que no tienen mascotas a transitar por una ciudad libre de excrementos y de forma segura, sin riesgos de ataques por parte de canes.

Sin embargo, los requisitos que nos afectan a nosotros y a nuestro can no terminan ahí. Y es que el censo del perro, su tarjeta identificativa y el famoso microchip son algunos de los trámites burocráticos imprescindibles para ser un propietario de perro responsable.

Las residencias de perros y de animales pueden informarte de cuáles de estos trámites son obligatorios en tu Comunidad Autónoma, porque en materia legislativa puede haber diferencias en cuanto a qué se considera imprescindible dependiendo del lugar en el que vivas.

Aparte de los motivos legales, también podemos encontrarles algunas ventajas a todos estos trámites. Y es que en el triste caso de pérdida de nuestro perro, el tenerlo correctamente identificado puede ser fundamental a la hora de buscarlo y recuperarlo con éxito. Por eso, si todavía no estáis actualizados en la materia, éste puede ser el momento de ponerse manos a la obra y no sólo para evitar multas u otros tipos de sanciones.

 

Bañar a tu gato

Bañar a tu gato

A pesar de la fama bien merecida de limpios que tienen los gatos, también necesitan de nuestra ayuda para garantizar que su aseo es el correcto. Sin embargo sus instintos juegan en nuestra contra y es que nuestra mascota probablemente odie el agua… upsss.
Este “pequeño problema” no puede impedir que sigamos adelante con nuestro plan de aseo para el gato ya que de otra manera estamos poniendo su salud en riesgo, tal y como los veterinarios y especialistas de residencias de animales ponen de manifiesto.
Lo más recomendable, tal y como nos aseguran trabajadores de guarderías para gatos, es comenzar con los baños periódicos cuando el animal es todavía un cachorro. Si se espera a que el gato entre en la edad adulta para comenzar con los baños, las posibilidades de éxito se reducen considerablemente.
Para las primeras experiencias bañando a nuestro gato es conveniente prescindir de la ducha. Este instrumento, además de desagradarles sobremanera, puede asustarles y provocar su huída. Por tanto, deberemos comenzar con lavados manuales practicados con mucho mimo y mucha suavidad.
Para hacerlo más fácil puede llenarse un cubo o una palangana con tres dedos de agua y no mucho más. Esta profundidad permitirá al gato sentirse seguro y al control de la situación. La temperatura del agua tiene que ser lo más próxima posible a la temperatura corporal del animal, así evitaremos reacciones bruscas provocadas por cambios de temperatura.
Hablar al gato mientras se procede al baño es una buena idea. Si el animal nota la tranquilidad en nuestro tono de voz, él también se mostrará más relajado y con una mejor predisposición. Durante el proceso hay que utilizar champús específicos para felinos. Los de humanos y los de perros no sirven. Cada piel tiene su ph y éste es distinto en cada especia, por lo que no es conveniente utilizar productos que no sean para gatos ya que corremos el riesgo de provocarle alergias o picores.
A la hora de secar a nuestra mascota evitaremos utilizar el secador de mano, al menos las primeras veces. Emplearemos una toalla y siempre trataremos de ser meticulosos en el proceso de secado, ya que no es bueno dejar al animal con humedad.
Si nos da miedo hacerlo o no sabemos cómo bañar a nuestro gato, las primeras veces conviene acudir a alguna residencia de animales o guardería de gatos para solicitar este servicio. Allí nuestra mascota será atendida por profesionales que te garantizan un aseo y revisión adecuados y mucha tranquilidad.

Gatos que usan el inodoro

Gatos que usan el inodoro

Los gatos que utilizan el inodoro son algo más que un fenómeno cinematográfico, a pesar de  que esta situación haya aparecido en películas tan famosas y tan divertidas como “Los padres de ella”.

De hecho, es posible entrenar a nuestro gato para que, igual que sabe utilizar su cajón de deposiciones, también aprenda a utilizar el inodoro que usamos los humanos. Eso sí… lo de utilizar la cisterna ya es para nota.

Muchas residencias felinas cuentan con servicios de adiestramiento especializado gracias a los que casi todo es posible en no demasiado tiempo. Para lograr que nuestro gato adquiera este tipo de comportamiento son necesarios menos de dos meses en la mayoría de los casos.

Si antes de poner el asunto en manos de una residencia de animales queremos probar en casa a ver si lo conseguimos, sólo hay que seguir unos sencillos pasos que se detallan a continuación y complementarlos con altas dosis de paciencia.

Primero deberemos cambiar la ubicación del cajón que el gato tiene para hacer sus necesidades y situarlo junto al inodoro. Dejaremos que el gato asimile esta nueva localización y cuando se vea una aceptación total pasaremos a la siguiente fase.

Esta etapa pasa por elevar progresivamente la altura del cajón hasta que consigamos que alcance la misma que el inodoro. Es importante que en todo momento el cajón siga siendo una superficie estable, ya que de lo contrario podríamos echar por tierra toda la operación, porque si se cayera, el gato cogería miedo y lo rechazaría.

Superada esta fase, procederemos a colocar el cajón sobre el inodoro directamente. Esto será un poco incómodo para el resto de miembros de la familia, pero hay que conservar la paciencia ya que supondrá un beneficio para todos, sobre todo en cuanto a higiene y olores.

Cuando el gato esté habituado a ello, colocaremos una bandeja u otro tipo de receptáculo bajo la tapa, bien sujeta por ésta. Y en ella también dispondremos algo de tierra, como la que solemos poner en el cajón.

El siguiente paso será practicar algunos agujeros en ese receptáculo, que cada vez deberemos hacer más grandes. Y cuando el gato se encuentre cómodo, seguro y adaptado a la nueva situación, podremos proceder a retirarlo y habremos conseguido que nuestro gato sepa usar el inodoro como uno más.