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Enfermedad inflamatoria intestinal

Enfermedad inflamatoria intestinal

La enfermedad inflamatoria intestinal en gatos es una dolencia que afecta a muchos individuos y sin embargo no es sencillo averiguar las causas concretas que la producen. Por suerte, sí que es posible detectar una serie de síntomas que pueden ayudarnos a cogerla a tiempo.

Es conocido que este trastorno afecta al sistema inmunológico del tejido linfático que se asocia al intestino, produciendo también alteraciones en la barrera mucosa de este órgano, que inciden directamente en su permeabilidad. Esta configuración de la enfermedad nos hace pensar que podría tratarse de una hipersensibilidad localizada que se produciría como respuesta a antígenos de la misma mucosa o de la luz intestinal.

El indicador más preciso de la presencia de este trastorno es la pérdida de peso, rápida y continuada, que harán que nuestro gato entre en un estado muy similar al de la anorexia. Esta última, en un grado intermitente o completo puede también constituir prueba por sí misma.

Los vómitos son otro de los síntomas más claros de la presencia de esta enfermedad. En este caso los vómitos tienen una gran carga de bilis, por lo que al inspeccionar el color del vómito, tendremos la pista necesaria.

Las heces son otro indicio si observamos que su presencia se ha transformado, que tiene un aspecto viscoso, mucoso o con machas oscuras que pueden denotar la presencia de sangre. La diarrea sería otra posibilidad, aunque, como algunos de los otros síntomas citados, también puede obedecer a otras causas.

La combinación de varios de estos síntomas nos está diciendo que existe una gran posibilidad de un trastorno intestinal en nuestro gato y deberíamos llevarlo al veterinario para que éste procediera a hacerle un examen completo con palpación abdominal, que concluyese en un diagnóstico son su tratamiento correspondiente.

Pese a que este trastorno se suele dar generalmente en gatos en edad adulta y avanzada, también existen casos en gatos más jóvenes, por lo que al menor síntoma es importante llevar al gato a su especialista para poder poner remedio cuanto antes.

Vacunas para los gatos

¿Sabéis cuándo es necesario vacunar a vuestro gato?

Para empezar, al mes y medio de vida del gato se recomienda acudir al veterinario para una primera revisión completa que incluirá una serie de pruebas que nos ayuden a diagnosticar su estado de salud y a descartar posibles enfermedades.

Una vez descartados los trastornos de salud más graves, se podría proceder a la vacunación del gato de acuerdo al calendario de vacunación felina, siempre siguiendo las instrucciones del veterinario.

La vacuna contra la leucemia felina y la trivalente felina son las más importantes de todas. La primera le ayudará a combatir la leucemia, muy peligrosa y extremadamente contagiosa en gatos; y la segunda le protegerá contra tres de las peores enfermedades que puede contraer un minino: el cacivirus, la panleucopenia y la rinotraqueítis.

Además de estas dos vacunas, que son fundamentales, probablemente en la clínica veterinaria os aconsejarán algunas otras que ayudarán a reforzar las defensas de vuestro gato y con ellas su salud.

Las vacunas de las que hablamos son la de la rabia y la vacuna contra la periotonitis infecciosa felina, una enfermedad de difícil detección y lúgubres diagnósticos, por desgracia, en muchos de los casos.

Sabemos que los gatos, en general, no son muy amigos de abandonar su hogar, pero la salud es lo primero y merece la pena llevarlo al veterinario para revisiones periódicas y, por supuesto, cumplir a rajatabla el calendario de vacunación.

 

¿Tiene pulgas mi gato?

Las pulgas pueden producir en nuestro gato, además de disconfort y altos niveles de estrés por la continua irritación que producen sus picadas, varias enfermedades que no son nada agradables.

Por nombrar un par de ellas, tenemos la tenia, que puede aparecer debido a las pulgas que el gato traga cada vez que se acicala lamiendo sus patas y cuerpo; y la alergia a la picadura de pulga. Ambas requieren de tratamiento para su curación desde luego, si sospechamos que nuestro gato tiene pulgas deberíamos consultarlo con nuestro veterinario por si considera oportuno prescribir un tratamiento preventivo.

Para asegurarnos de si son pulgas o no, sería aconsejable comprar un peine de púas finas, en el mercado existen unos especiales para pulgas. Este instrumento nos ayudará a averiguar la verdad muy pronto, porque al pasarlo por el pelo de nuestro gato las veremos. Si nuestro gato tiene el pelo corto podemos incluso detectarlas a simple vista.

Las pulgas se suelen situar en las patas traseras del gato, aunque dependiendo del tiempo que lleven viviendo de él, pueden haberse propagado por todo el cuerpo.

Debemos saber que hay algunas enfermedades felinas que se manifiestan por síntomas como picores que provocan que el animal se rasque, por eso convendría que visitásemos al veterinario para salir de dudas y descartar situaciones más graves.

 

Las bolas de pelo indigestas de los gatos

Las bolas de pelo indigestas de los gatos

Los gatos son unos animales muy exquisitos, como ya sabréis todos los felices propietarios de alguno. Además de ser selectivos, observadores y decididos, son extremadamente limpios. Los gatos son de los pocos animales que disfrutan de sus rituales higiénicos de forma periódica.

Son metódicos para las comidas y para el aseo, por eso es frecuente verles lamiéndose para limpiarse. Sin embargo, este gesto aparentemente tan inocuo a que tan acostumbrados estamos a ver, puede traer consecuencias desagradables para sus pequeños estómagos y sus procesos de digestión.

Al lamerse las diferentes partes del cuerpo, atrapan grandes cantidades de pelo con su lengua. A veces se trata de pelo que estaba a punto de caerse y otras es pelo que ya se había caído pero no se había terminado de desprender. El resultado es que todos estos pelos viajan a través de su aparato digestivo hasta llegar a su estómago, donde se acumulan y van formando pequeñas bolas peludas que entorpecen la digestión y provocan ardores al gato.

Los gatos que sufren de este problema, que son muchos y sobre todo en la edad adulta, pueden presentar un cuadro de vómitos, que les hará estar intranquilos y muy incómodos. Además están expulsando la comida que habían tomado, por lo que pueden necesitar volver a comer para no sentirse debilitados. La causa de todo ello es que el pelo tragado es muy difícil de digerir, ya que los ácidos que los gatos tienen en el estómago no pueden hacerlo, convirtiéndose en una importante fuente de malestar para el animal.

Hoy día la ciencia aplicada a la nutrición animal ha evolucionado mucho y por eso es posible encontrar en el mercado alimentos y preparados que incluyen un componente especial que mitiga o elimina este problema. Muchas de las principales marcas en alimentación para gatos del mercado ya lo incluyen entre sus propuestas para las comidas de gatos adultos, por lo que si vuestros gatos presentan síntomas, sería una buena idea comenzar a probar alguno de estos alimentos que rápidamente solucionarán el problema y proporcionarán a vuestro gato el bienestar que necesita.

Estrés en los gatos

Estrés en los gatos

Al igual que las personas, los gatos de este siglo también sufren de estrés. Muchas veces este estado se manifiesta como reflejo de la situación que está viviendo su dueño. Si está atravesando una etapa difícil, laboral o personalmente, en la que el estrés o la depresión están afectándole más de lo normal y de una forma nada pasajera, su gato lo notará y comenzará a mostrar síntomas de estrés.

El gato también puede sufrir estrés como resultado de algún trastorno de salud al que aún no hayamos puesto remedio. De la misma manera, el estrés puede causar trastornos en su organismo que repercutirán en su salud si no lo solucionamos lo antes posible.

También podemos encontrarnos con trastornos de estrés de índole más temporal, o incuso puntual, desencadenados por obras en la casa o en el edificio, visitas que no son del agrado del animal o algún tipo de cambio en el entorno del animal, de entre los que habría que destacar la llegada de un nuevo miembro a la familia, ya sea una nueva mascota o un recién nacido, por ejemplo.

Para detectar cuanto antes los síntomas de que nuestro gato padece de estrés y poner remedio a esta situación deberemos observar si se produce alguna anomalía en su comportamiento.

Las muestras más habituales son un carácter más agresivo o una excesiva limpieza, más compulsiva que la habitual que los gatos tienen por rutina. En el segundo caso, este exceso de higiene podría llevar a problemas de piel o de pérdida de pelo.

También podemos observar pruebas físicas que nos indicarán que nuestro gato está sufriendo unos elevados niveles de estrés. Entre ellas encontraríamos los vómitos, las diarreas y el aumento en la frecuencia de la micción, que además se produciría en lugares que no son los habituales y de manera poco ordenada.

Si detectas alguno de estos síntomas puede ser buena idea que consultes con el veterinario para poder poner solución cuanto antes y lograr la tranquilidad y el bienestar de tu gato.