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Al igual que las personas, los gatos de este siglo también sufren de estrés. Muchas veces este estado se manifiesta como reflejo de la situación que está viviendo su dueño. Si está atravesando una etapa difícil, laboral o personalmente, en la que el estrés o la depresión están afectándole más de lo normal y de una forma nada pasajera, su gato lo notará y comenzará a mostrar síntomas de estrés.

El gato también puede sufrir estrés como resultado de algún trastorno de salud al que aún no hayamos puesto remedio. De la misma manera, el estrés puede causar trastornos en su organismo que repercutirán en su salud si no lo solucionamos lo antes posible.

También podemos encontrarnos con trastornos de estrés de índole más temporal, o incuso puntual, desencadenados por obras en la casa o en el edificio, visitas que no son del agrado del animal o algún tipo de cambio en el entorno del animal, de entre los que habría que destacar la llegada de un nuevo miembro a la familia, ya sea una nueva mascota o un recién nacido, por ejemplo.

Para detectar cuanto antes los síntomas de que nuestro gato padece de estrés y poner remedio a esta situación deberemos observar si se produce alguna anomalía en su comportamiento.

Las muestras más habituales son un carácter más agresivo o una excesiva limpieza, más compulsiva que la habitual que los gatos tienen por rutina. En el segundo caso, este exceso de higiene podría llevar a problemas de piel o de pérdida de pelo.

También podemos observar pruebas físicas que nos indicarán que nuestro gato está sufriendo unos elevados niveles de estrés. Entre ellas encontraríamos los vómitos, las diarreas y el aumento en la frecuencia de la micción, que además se produciría en lugares que no son los habituales y de manera poco ordenada.

Si detectas alguno de estos síntomas puede ser buena idea que consultes con el veterinario para poder poner solución cuanto antes y lograr la tranquilidad y el bienestar de tu gato.