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Las altas temperaturas de la primavera y sobre todo, del verano, son el caldo de cultivo idóneo para las alergias en el perro. Saber detectarlas es fundamental para poder tratarlas, aunque en muchos casos no todo es lo que parece y lo que se muestra como una simple alergia puede ser en realidad alguna enfermedad más grave que está afectando a nuestro perro.

Cuando un perro contrae una alergia de tipo cutáneo, es decir, las que afectan a la piel, comenzará a manifestar una serie de comportamientos que nos darán la pista de lo que sucede. El más evidente es el rascado.

El perro se rasca de manera suave o incluso de manera violenta e insistente, en algunos casos. Además de que podemos ver este comportamiento, muchas veces existen otras pruebas de que nuestro perro se ha estado rascando y una de ellas es la ausencia de pelo en algunas zonas.

Como resultado del rascado continuo la piel se escama, presentándose en ocasiones con un aspecto similar a la caspa, y el pelo se cae. Veremos que existen zonas donde falta pelo. Puede ocurrir también que estos síntomas se acompañen de otros, como un olor más intenso. A pesar de que bañamos a nuestro perro y de que no hemos modificado los rituales de higiene que seguimos con él habitualmente, su olor es más fuerte y característico.

Cualquiera de estos síntomas por separado deberían llevarnos a acudir al veterinario con nuestro perro para que sea diagnosticado, pero aún con más motivo si presenta todos ellos.

Sin embargo, debemos estar alerta ya que lo que puede parecer una alergia de verano en nuestro perro, podría ser en realidad algo más grave como la leishmaniosis o incluso sarna, por ello no hay que descuidar la atención a comportamientos y cambios para poder aportar todos los detalles que sea posible en nuestra visita al veterinario.